Sonreía reiteradamente mientras leía todo lo que se escondía tras esas frases a lápiz emborronadas y llenas de faltas de ortografía. Para entonces ya habría recorrido medio mundo, sacado matrículas de honor en todas las asignaturas universitarias, llenado infinidad de armarios de ropa de última moda, vivido en cientos de lugares lujosos con mi perro, tocaría un instrumento en una orquesta filarmónica y mi casa estaría decorada por infinidad de cuadros pintados por mí. Estudiaría en Barcelona o Madrid y continuaría mis estudios en Nueva York. Hablaría 5 idiomas y sería una gran profesional (exactamente no defino en qué trabajaría) que destacase en todos los nuevos proyectos que me implicase y tendría el pelo largo, muy largo, por si alguna vez llegase a quedarme encerrada en alguna torre y tuviera que lanzarlo a modo de soga para que alguien pudiese subir a ayudarme (y ahora es cuando me doy cuenta del daño que ha podido hacernos Disney). Pero hay algo que me llamó la atención más de la cuenta, y es que nombro "un único amor de mi vida". Escribía sobre un chico de mi clase, el que por el simple hecho de invitarme a chicles de vez en cuando y pasarme el balón en los juegos del recreo ya iba a convertirse en el amor de mi vida.
Es increíble como pasaba las hojas y solo sabía escribir sobre planes absurdos que mi economía siquiera empezando a ahorrar por entonces me iba a permitir permitirme en un futuro no muy lejano. Pero más increíble era como al final de la página escribía un "y por la noche veré a" y el nombre del chico rodeado de un corazoncito un tanto amorfo.
¿Qué ingenua verdad? Pero después de haber leído todo lo anterior me deja muy mal sabor de boca el no contestar a esta inocente niña de 7 años que con tanto mimo, ternura e ingenuidad escribía. Así que ahí va:
Querido yo de 7 años. La verdad es que has viajado bastante, exactamente te has recorrido de punta a punta el norte de España, pero no por cuenta propia, sino porque tu padre se empeñó en hacer una ruta cada verano en la que te incluía dentro de su equipaje te gustase o no. También te puedo asegurar que te encanta Italia gracias a una persona que has conocido en la universidad, particularmente adoras Venecia y Roma, aunque has de conformarte con haberlas visitado gracias a un intercambio de estudiantes de aquel antiguo colegio de monjas al que acudiste durante 13 años.
El fondo de armario que tienes a estas alturas no está nada mal. Intentas ir a la última en tendencias comprando en las rebajas puesto que tu sueldo de becaria no te da para más y el "ático lujoso" ha quedado reducido a un piso reformado en el que convives con cinco personas que conociste en la universidad y que "de buenas a primeras" se han vuelto indispensables y con las que jamás hubieses pensado tener tanta química. Y lo del perro... Para entonces ya se te habrá quitado la idea de querer tener más cargos en tu vida que los que el gabinete te hecha encima.
El instrumento que tanto te gustaba y que llevabas tocando más de 10 años pasó a ser un simple hobby de vez en cuando y tu pasión por la pintura y cuadros de paisajes y animales pasará a convertirse en bocetos de anatomía facial a bolígrafo en folios llenos de letras y más letras.
Madrid te pilla no muy lejos, es más, la has pisado demasiado y ha marcado un importante ítem en tu vida profesional pero Nueva York se ha eliminado de tu mapa. Manejas el inglés y chapurreas el italiano, pero nada más que un B2 no te pueda ofrecer. Tienes más pájaros y proyectos en mente que años para cumplirlos, y eso que no hace mucho que has llegado a los "vintitantos" y adoras tu trabajo, aunque te lo tomas demasiado en serio.
¿Recuerdas lo que te gustaba el pelo largo? Pues siento mucho decepcionarte, pero llegó un punto en el que tuviste que cortarte la melena y ahora no la llevas mucho más larga del hombro... Pero eh, la camomila te ha venido de lujo para darte un toque diferente, te va a gustar, a mí me gusta.
También me gustaría que supieses que toda esa puntualidad que rebosabas se ha convertido en una impuntualidad continua que te hace ir corriendo con el bolso en mano a cualquier sitio que vayas.
Eres un tanto desastre en la cocina, pero si te sirve de consuelo, eres una gran compañera de cocina y das conversación a cualquier desconocido que se te siente al lado en el metro o en el urbano. Sigues siendo amante de las películas que te hacen llorar, la nocilla a cucharadas y de los domingos de lluvia. Te has hecho fan número 1 de Bridget Jones y durante la universidad te abriste un segundo pendiente y te hiciste un tatuaje, no sé si alguna vez lo hubieras imaginado.
Sigues adorando las faldas, el color rosa, los pantalones chinos y ahora te has vuelto adicta al café mientras lees las noticias después de comer.
Te implicas demasiado en tus proyectos y en todo lo que conlleve trabajo y nunca llegas a dormir las 8 horas diarias recomendadas. Sigues hablando por los codos y la suerte y tú no vais mucho de la mano. Odias pintarte los ojos porque aún no se te ha ido la manera de refregarte cada dos por tres a la mínima que te da un ligero picor. ¡Ah! Y llevas gafas, gafas muy grandes. Ya no hay rastro de todos los peinados recogidos en dos coletas, trenzas o los famosos "kirikis" que te hacía la abuela con lazos y coleteros de todo tipo de materiales y formas, ahora todo ha quedado sustituido en un moño mañanero de esos famosos que te hacías durante los años de instituto y te concienciaban de la tarde que te esperaba delante de hojas hasta arriba de problemas de matemáticas (por cierto, las acabarás aprobando, no te agobies).
¿Del chico de clase? No tienes ni su número, ni su facebook y tampoco sabes qué es lo que decidió estudiar ni el lugar donde se encuentra ahora. No te sientas mal, pero creo que tiene novia. Para entonces ya te habrán roto el corazón unas cuantas de veces y las amigas del colegio se habrán convertido en simples conocidas con las que sólo te pararás algún sábado noche para preguntarle sobre cómo les va. Has estudiado algo que jamás se te hubiese pasado por la cabeza y, ¿te cuento un secreto? has conseguido eliminar tu odio a las verduras y a las vacunas. Has empezado a aborrecer la fanta de naranja y, por el contrario, has empezado a adorar la cerveza y el cigarro de las mediodías del sábado.
Sigues con la misma forma de ser, igual de ingenua, impulsiva y optimista, aunque ahora algo más realista. Mantienes el mismo carácter y tus aspiraciones de cambiar el mundo cada día han pasado a
cobrar el sueldo cada mes. Sigues soñando demasiado, qué le vamos a hacer.
España está muy cambiada por una crisis económica y con esto de que ahora eres tú misma la que te pagas los caprichos y necesidades tus expectativas han cambiado. La tecnología está avanzando por segundo y ahora las conversaciones telefónicas por el fijo de casa han pasado a ser mediante mensajes de Whatsapp (ya lo entenderás), es demasiado triste explicarle a una niña de 7 años que la gente se relaciona más por una pantalla brillante que en persona (aunque también reconozco que a veces mi adicción al smartphone es muy grande). Ahora tener internet ya no es un lujo, fíjate que con el móvil lo llevamos siempre encima.
Has sustituido las series españolas que tanto te gustaban como Los Serrano y Hospital Central por series americanas como Anatomía de Grey y Modern Family. Y después de todo esto creo que ya es hora de ir terminando pues es mejor que vayas descubriendo poco a poco con el paso de los años el por qué de todos estos cambios.
Antes de terminar me gustaría decirte que he sido muy feliz y he hecho cosas que jamás hubiese imaginado hacer. A los 12 años conocerás a personas que te cambiarán tu vida por completo y que, aún conservo y tengo la fe de conservar, aunque actualmente por cuestiones de trabajo nos hemos tenido que desplazar a destinos diferentes. He aprovechado cada oportunidad y he tenido demasiada suerte en algunos aspectos de la vida que me han venido sin siquiera esperarlos. Te puedo asegurar que si en este mismo momento me pusiese a imaginar qué será de mi vida en un futuro no acertaría con el más mínimo detalle. Con esto me he dado cuenta de que es mejor no planear demasiado nuestra vida... Y dejar que fluya debido a que no todo se puede cumplir (y por supuesto, porque hay cosas tan buenas que jamás imaginaríamos que nos pueden pasar a nosotros).
Espero que con todo lo anterior no te sientas decepcionada, aunque me haya equivocado en innumerables ocasiones siempre he intentado arreglarlo lo mejor que he podido.




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